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El cielo del Pirata

14 Feb

Por Claudi Montefusco

Permitidme que os proponga un nuevo destino para vuestras vacaciones cicloturistas. Os presentaré un destino donde podréis disfrutar de la dureza de las montañas, y también de kilómetros y kilómetros de llano. De la proximidad del mar. De la memoria ciclista. También de la belleza de su paisaje. Y de la buena comida. Incluso de su proximidad a España.

Es Emilia Romagna un destino muy recomendable. Está bien comunicado y no muy lejos. Desde Barcelona, por ejemplo, se puede volar a Bologna, a poco más de una hora de Rimini. Y con Ryanair se puede volar incluso más cerca, a Forli. En esta región de la costa adriática podemos encontrar también poblaciones como Riccione o Cesenático, la localidad natal de Marco Pantani.

Si hablamos de Pantani, dejemos los prejuicios a un lado. Marco era un ciclista especial, capaz de escribir un poema, capaz de cantar o capaz de erigirse en representante de todos los corredores del pelotón profesional. Y en lo ciclista, ya lo recordáis todos: probablemente el mejor escalador de la historia, un corredor capaz de atacar de lejos, capaz de irse sólo. Y de hundirse sólo. La identificación del gran público con Pantani se debe a ese carácter valiente y agresivo. Y si pensamos que Italia no había tenido un ganador de Tour de desde 1965 con Felice Gimondi (33 años hasta la victoria del Pirata en el Tour de 1998), encontraremos la fórmula perfecta para el encumbramiento de este gran ciclista.

Su declive se inició en Madonna di Campiglio, en el Giro de 1999, un Giro espectacular de Pantani hasta el momento en que una anomalía en los valores de su sangre le obligaron a abandonar la carrera. Desde entonces su carrera cayó en picado, sólo con apariciones fugaces pero estelares (Tour del 2000), mientras salía indemne de sus problemas con la justicia. Su entorno siempre habló de un complot.

Emilia Romagna es una región con mucha tradición ciclista, aunque por lo visto es una región con todavía mayor tradición motociclista. El gran Valentino Rossi, “Il Dottore”, es de Tavullia (a sólo 30 km de Rimini) y el desaparecido Marco Simoncelli, campeón del mundo de 250 cc, vivía en Coriano, otra localidad muy próxima a Riccione. Por no hablar del circuito de Imola, muy cercano en el camino a Bolonia.

Pero es también una zona vacacional que provoca numerosas depresiones entre sus habitantes en la época invernal. ¿Os podéis imaginar una zona turística de verano totalmente despoblada con el frío? No es de extrañar que Pantani fuera un tipo depresivo. Las malas influencias y la justicia italiana hicieron el resto.

Cesenatico es un lugar de obligada visita para los amantes de la bicicleta. Un pueblo costero con gran tradición marinera y un museo marítimo. Es recomendable emplear una mañana en visitar todos los recuerdos de Pantani, su museo multimedia e incluso el vecino cementerio donde están sus restos, y luego acercarse a ver el monumento, cerca de la playa, que le recuerda. Mientras, podéis comprar la típica piedina en un kiosko a pie de calle y saborearla mientras veis los barcos que fondean en los canales. No resultará difícil entender así el mote con el que se le conocía: El Pirata.

Pero Emilia Romagna no es solo Cesenatico. En Riccione, localidad también costera muy cerca de Rimini, existe una rica oferta de hoteles y servicios relacionados con el cicloturismo (http://www.riccionebikehotels.it/ ). Allí podréis alquilar una bicicleta del nivel que os podáis permitir, y recorrer cualquiera de los numerosos trayectos cicloturistas que tienen preparados para el visitante.

Si preferís algo más competitivo, podéis hacer coincidir vuestra visita con una de las cicloturistas más multitudinarias de Italia: La Granfondo Nove Colli es uno de los eventos más conocidos en el panorama cicloturista italiano. Su recorrido suele rondar los 200 kilómetros y tiene más de 3.800 metros de desnivel.

Uno de los recorridos más duros y preciosos es el que pude hacer cuando estuve allí, que incluye las ascensiones al Monte Carpegna y al Principado de San Marino, ambas subidas ligadas al pasado del Giro d’Italia, y ambas también pertenecientes al desafío BIG.

En un bucle de 88 kilómetros, que nosotros hicimos con salida y llegada en Mercatino Conca, podemos subir a esas dos interesantes subidas y disfrutar especialmente de la durísima ascensión a Monte Carpegna, en la que uno está permanentemente recordando a Pantani y a otros grandes ciclistas que subieron esas rampas como Fuente o Merckx. Especialmente emocionante para mí es leer durante la subida “Este es el cielo del Pirata” y coronar con su imagen un día victorioso. La subida tiene todos los alicientes, puesto que tiene zonas de bosque muy cerrado que en pleno otoño nos ofrecía paisajes indescriptibles, con un lecho de hojas por carretera. Las fotos de Luigi (perfecto cicerone toda la jornada, junto con Bortolo) dan testimonio de ello.

Y San Marino es mucho más que un destino turístico. Para el cicloturista tiene el aliciente de una dura rampa al 18% en su vertiente de Torello y Acquaviva, donde suele acabar la Coppa Placci. Y también hay que decir que San Marino es un destino recurrente en el Giro d’Italia: la cronoescalada de 1997 (con victoria de Pavel Tonkov) y la etapa del 1998 en la que triunfó Andrea Noé y Marco Pantani llegó segundo haciendo una de las demostraciones habituales en él ese año.

Son estos los dominios de uno de los ciclistas más populares que ha dado el ciclismo italiano. Su muerte a una edad tan temprana (sólo 34 años) lo ha convertido en un mito que a nivel popular sólo podemos comparar con Fausto Coppi

No dejéis de comprobar que Marco, allí, sigue vivo en la memoria de la gente. Por siempre.

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