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Ir para nada es…es sufrimiento

21 Mar

>> Por Laura Meseguer

La tercera etapa de la Volta a Catalunya será recordada por unas condiciones meteorológicas extremas que sentenciaron la ya de por sí dura etapa reina situando precipitadamente su meta en el kilómetro 155 de 210 y que se saldó con la retirada de la mayoría de sus líderes y de más de una veintena de sufridos ciclistas.

Muchas horas antes de esto, en la salida en La Vall d´en Bas, la previsión meteorológica hacía temer una etapa de máxima dureza. Sin embargo no permitía presagiar ni al propio Jorge Azanza en su análisis del perfil del día que horas más tarde me acabaría diciendo “Estoy. Por momentos pensé que no iba a estar…”. Ante este panorama, corredores que no contaban con buena salud como Javi Moreno y Joan Horrach, Dani Navarro, Samuel Dumoulin, Grischa Niermann o el propio Alejandro Valverde tras su caída de ayer no tomaban la salida. El corredor de Katusha, el mallorquín Joan Horrach, se lamentaba profundamente y disculpaba ante sus seguidores en su cuenta de twitter por tener que retirarse debido a una fuerte gripe que venía arrastrando desde hace varios días. Una lección de clase y dedicación a su oficio.

No ha habido ni un kilómetro de los 155 recorridos en los que cesase la lluvia. Nada más comenzar, en el kilómetro 5 ha habido una caída en la que se han visto implicados un amplio número de corredores. Por lo que conocimos más tarde, chocaron con un autómovil estacionado en la carretera y se saldó con la retirada de Julian Dean (GreenEdge) y Frantisek Rabon (OPQS) y varios corredores cortados, entre ellos Sergio Pardilla, de Movistar e Ivan Basso de Liquigas.

Por fin se hace la fuga, que más parece un trabalenguas: Carrara, Rohregger, Valdevelde, Cherel, Bardet, Tschopp, Ignatenco, Brajkovic, Soerensen, Golas, Kruwsyk y Kritskiy. A la vez nos van llegando noticias de que la subida a Port Ainé está impracticable y las máquinas quitanieve se han puesto manos a la obra.

Tiralongo y Zargari abandonan.

Radio vuelta no ha cesado de informar sobre nuevos percances y abandonos prácticamente durante toda la etapa. Nadie de los que hemos estado dentro de la carrera hemos tenido un respiro. El fotógrafo de Sport Imagen hoy ha abandonado la moto e iba en el coche en el asiento trasero. Yo me debatía entre la hoja de dorsales, el libro de ruta, el portátil y sobre todo el móvil para intentar al menos informar todo lo posible vía twitter. El conductor apuntaba las indicaciones de dorsales que cantaba radio vuelta mientras manejaba las curvas como podía. A pesar de la información que nos va llegando sobre el estado de los kilómetros finales y lo que vamos viendo y llevan acumulado los ciclistas, la organización informa que la carrera continuará por el recorrido previsto.

Algunas piedras se desprenden de la montaña y caen sobre la nieve que cubre el asfalto en el descenso de Alp. Los abandonos continuan. Damuseau, Bessy, Bille y De Haes. Las fotografías del estado de la meta se precipitan en las redes sociales de los perseverantes seguidores que se han acercado a animar a los ciclistas. Mientras tanto, Joan Horrach, en el autobús del equipo y por delante de los que íbamos en la carrera, informa de hielo en el Port del Canto, el penúltimo puerto antes de la meta a 1730 metros de altitud y de un terreno impracticable, a la vez que manifestaba abiertamente su opinión en twitter sobre la situación que se estaba viviendo.

Lluvia, frío, viento, escapados con los dientes apretados, cubiertos de barro, ascensión durísima. Estómago encogido. Un espectáculo que sinceramente angustia. Nos enteramos de que los helicópteros no podrán retransmitir la etapa. Tampoco las televisiones. Los fotógrafos que quedaban comienzan a meterse en los coches. Los ciclistas parece que navegan solos en un mar de tempestades. La situación parece insostenible; no sólo están sufriendo los ciclistas si no que tampoco se podrá contar ese sufrimiento con todas las limitaciones que el tiempo está poniendo a los medios de comunicación.

Las noticias que nos llegan cuando recuperamos la señal de radio vuelta nos dejan más fríos. Abandono de Andy Schleck, Tiago Machado, Ben Hermans y TJ Van Garderen. Menos de cinco minutos después nos encontrábamos siguiendo a los escapados en el km 144 y la organización informa que la carrera se acorta y la improvisada meta será en el km 155, cinco kilómetros antes de coronar el Port del Canto. Rápidamente adelantamos a los escapados y nos dirigimos a la nueva meta. Llegamos los primeros a un cruce. Dudamos de que sea allí pero tampoco hay nadie a quien preguntar. Llega una moto de policía. Salvación. Bajamos la ventanilla y para nuestra sorpresa es el propio policía el que nos pregunta dónde es la meta. Tras breves minutos de duda empiezan a aparecer vehículos y en una auténtica contrarreloj empezamos a colocar en medio de la nada los coches. Falta…¡la meta! Tenemos cinta adhesiva en el coche que aunque sea gris como el asfalto, como la niebla y como el día algo apaña.

Llueve con muchísima intensidad. Entre coches y carretera nos movemos los pocos medios que hemos podido llegar, auxiliares, árbitros, organización…Los corredores fugados se precipitan sobre la meta. Unos minutos más tarde lo hará el resto del pelotón. Luis Ángel Maté, del equipo Cofidis, me contaba más tarde entre lamento y risa atónita: “Al llegar a la meta que nos habían preparado los árbitros nos gritaban – “¡despacio! ¡despacio! Que tenemos que anotar los dorsales”- y se les oía: 24, 118, 73, 32…”. “Sólo faltaba alguien cantando “¡Bingo!” por ahí”, añadía con sentido del humor Joan Horrach.

La victoria ha sido para el corredor de Astaná Janez Brajkovic, seguido por Michal Golas y Matteo Carrara que a pesar de haber llegado con más de 9 minutos de diferencia y de haber luchado acompañados de sus ocho compañeros de fuga en esta extrema etapa, la organización confirmaba minutos más tarde que por reglamento, los tiempos de esta etapa no contarán de cara a la clasificación general.

El problema de hoy es que ante una situación como la vivida se ha reaccionado mal y tarde. El anuncio del acortamiento de la etapa se ha precipitado a escasos diez kilómetros del nuevo final de la etapa, por lo que algunos corredores que han abandonado pudiesen haber actuado de otra forma de haber conocido esta información con más antelación. El establecimiento de la nueva meta se ha hecho de manera arcaica y lo que es peor, sin las herramientas necesarias para poder dar por legítimo el orden de entrada de los corredores, mínima señal de respeto después de los agónicos 155 kilómetros recorridos. Pero sobre todo la decisión de dar por anulada la etapa hace que el sufrimiento no haya merecido para nada la pena.

La organización de esta carrera es un ejemplo por su saber hacer y su esfuerzo por sacar adelante La Volta a Catalunya un año tras otro al máximo nivel, por lo que no está en mi ánimo criticar a la organización por algo que involucra a muchos agentes. Cierto es que se podría haber previsto y actuado de muchas maneras, pero conviene saber que siempre que se puede las carreras pelean hasta el final con tal de no cancelar una etapa. El ciclismo vive del dinero que dan los patrocinadores y eso incluye también los pasos de carrera y metas de etapa. Debería por fin abrirse el debate seriamente y adoptarse posturas serias por salud, por seguridad pero también por dignidad y salvar este deporte, en ocasiones como estas, de chirigota y a años luz de otros deportes profesionales. Porque, ¿qué compensación hay tras una etapa como la de hoy en la que sus principales estrellas se han anulado a falta de cuatro etapas para el final? ¿Cuánto compensa continuar con la carrera si la televisión, los fotógrafos y mayoría de periodistas no pueden informar sobre ella y el espectador no seguirla? ¿Hasta dónde se cree que llega la salud del ciclista que ni siquiera se tiene en cuenta?

En el plano personal, soy consciente de que lo que he vivido hoy no lo voy a olvidar jamás. Como periodista he sido testigo en directo de una etapa en la que salvo mi compañero Sergi López-Egea y yo no ha podido presenciar nadie más. Que la ausencia de televisión y dificultades para el resto de medios nos ha convertido en informadores a nivel internacional con la responsabilidad que ello conlleva. El llegar a una improvisada meta virgen de periodistas me ha permitido retransmitir algo que sólo unos pocos hemos vivido en exclusiva y he podido grabar, aunque con el teléfono móvil, las únicas imágenes que se han recogido de la meta. Y esas facilidades también se las tengo que agradecer a la organización, las cosas como son.

Como persona no he disfrutado ni un sólo momento de esta etapa. Una mala sensación y los nervios se me han instalado en el estómago desde los primeros kilómetros. Lo comentaba con el conductor tras el final de la etapa. Para una persona como yo, que antes de 2007 desconocía el ciclismo por completo, todas estas situaciones me resultan totalmente inauditas e incomprensibles. ¿Qué necesidad existe de llevar el sufrimiento al que se exponen diariamente los ciclistas a la agonía más extrema? ¿Dónde están los límites? Y si después de todo esto, nada ha merecido la pena, entonces el absurdo de José Mota me inspira e “ir por nada es…sufrimiento”.

 Twitter: @Laura_Meseguer

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